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Columna Pizzatti: Tus cristales se desgastan… aunque no lo veas

“En estos días, especialmente en nuestra zona norte de la provincia de Buenos Aires, donde se registran ráfagas de viento intensas, este efecto se vuelve aún más evidente.”

Columna Pizzatti: Tus cristales se desgastan… aunque no lo veas

“En estos días, especialmente en nuestra zona norte de la provincia de Buenos Aires, donde se registran ráfagas de viento intensas, este efecto se vuelve aún más evidente.”

Muchas personas creen que, si siguen viendo “bien”, no necesitan cambiar sus cristales. Sin embargo, hay un factor clave que suele pasar desapercibido: el desgaste.
Los cristales oftálmicos son superficies pulidas con precisión. Están diseñados para permitir el paso de la luz de forma controlada, pero esa calidad no se mantiene intacta en el tiempo. El uso diario, la limpieza inadecuada —como hacerlo con la ropa o servilletas— y el guardado sin estuche generan microabrasiones que, aunque no siempre se vean, afectan la calidad visual.
A esto se suma la exposición al ambiente. El viento transporta partículas en suspensión —polvo, residuos y pequeños granos de arena— que impactan de manera constante sobre la superficie del cristal. Este proceso genera un desgaste progresivo que altera la nitidez y el confort visual.
El cambio no es brusco. Es gradual. El ojo se adapta, y por eso muchas personas no perciben que están viendo con menor calidad que al inicio.
Por eso, además de la graduación, es importante evaluar periódicamente el estado de los cristales.
En el caso de los niños, este punto es aún más relevante. Los cristales monofocales, que son los más utilizados, tienen un costo accesible —comparable al de un desayuno— y están sometidos a un uso intensivo. Si están rayados o deteriorados, aunque el niño vea, no está viendo con la calidad óptica adecuada.
Y la calidad visual también se desgasta con el tiempo.
Judith Pizzatti
Óptica PIZZATTI
40 años cuidando la salud visual de Campana.

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