
Después de un día caluroso o una jornada agotadora, humanamente podemos necesitar un descanso, y seguramente un poco de agua fresca.
Un episodio conmovedor de La Biblia es el encuentro de Jesús y la mujer Samaritana (Juan 4) donde luego de una jornada agotadora y sofocante el Señor se sienta junto al pozo de agua a reposar. Al llegar esta mujer con su cántaro vacío, Él le dijo “dame de beber”.
(Juan 4:7) ella desconocía quién era aquel hombre judío pidiendo agua a una mujer samaritana. Ante su asombro, el Señor le respondió,
(Juan 4:10) “si conocieras del don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva”. “El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; porque será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. (Jn 4: 13).
Este versículo nos invita a aceptar que también nosotros estamos “sedientos” y que necesitamos acudir a una fuente que trascienda nuestros propios logros.
Es un despertar a la conciencia espiritual y no solo al vacío que deja lo que brinda un alivio temporal.
El Señor Jesús ofrece una gracia transformadora y un amor incondicional que sacia por completo la sed espiritual de cualquier persona, sin prejuicios culturales, sin importar su pasado, sus fracasos o su condición social.
Muchas veces podemos sentir que nuestro estanque, nuestro pozo está vacío o nuestro cántaro está roto por los problemas, por sentir la realidad de una vida vulnerable.
Pero en un clima de intimidad, el Señor nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos, nos abre el corazón para sentir su presencia misma.
(Juan 4:14) “Pero el que beba del agua que yo le daré no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna”
Los seres humanos intentamos calmar el vacío interior con cosas pasajeras, trabajo, consumo, reconocimiento, pero esas fuentes se agotan y la sed regresa.
Jesús apunta a una satisfacción del alma, donde podamos independizarnos de los recursos frágiles, y que podamos tener una conexión viva con Dios.
(Salmo 42:2) “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo”. .. Esto implica tener una conexión genuina con quien puede escuchar, responder, y dar vida.
¿Deseas saciar tu sed espiritual, teniendo una relación transformadora con Dios en tu interior?
Búscalo a Jesús, busca a Dios, contáctate con un cristiano, y/o una iglesia que enseñe de Cristo y La Palabra de Dios. "La Biblia". ¡No te arrepentirás!
¡Dios te bendiga! ¡Hasta la próxima semana!
Silvia Gerard
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